viernes, 11 de julio de 2014

Dos Zorros del fútbol

Por: Ignacio Escudero Fuentes*

Yo también quiero que gane Argentina la final del mundial Brasil 2014, pero no por los argentinos sino por su antítesis, el Papa Francisco, quien con su don de gente y humildad está dando lección a sus coterráneos y a la humanidad. Pero el corazón me dice que sí y la razón futbolística lo desmienten. Para nadie es un secreto que, de los cuatros finalistas el “jogo bonito” lo tienen los alemanes. Será un partido donde jugarán el gran partido no Mueller y Messi, sino Sabella y Low, dos zorros del futbol, esto debido que el futbol espectáculo ha sido remplazado por el futbol resultado, hoy, no son protagonistas los futbolistas sino los técnicos.
La final quedó en los continentes donde se juega el futbol más competitivo, también donde están los más granados futbolistas por su calidad y la bolsa que ganan. Además, ambos son campeones mundiales, con ventajas de los teutones, quienes se alzaron con los mundiales de Suiza 1954, Alemania 1974, Italia 1990, mientras los argentinos ganaron el mundial en su casa en 1978, México 1986.

Es importante tener en cuenta que desde el primer mundial en Uruguay en 1930, hasta Sudáfrica en 2010, en el continente americano se han celebrado 7 mundiales (Uruguay 1930, Brasil 1950, Chile 1962, México 1970, Argentina 1978, México 1986, EEUU 1994), ninguno hasta ahora ha sido ganado por los europeos.

En esta oportunidad estamos frente a otro escenario. ¿Cuál es? Pues bien, históricamente los europeos, sobre todo los alemanes fueron considerados poderosos y se hicieron merecedor del remoquete “Los tanques” por su fortaleza física, además veloces, resistencia y precisión en el pase. Hoy, agregaron a su futbol otro componente que en otrora era del futbolista suramericano, sobre todo brasileño y eso los hacían diferentes a los demás: la picardía, triangulan, filtran, hacen túnel, pared, paragüitas y letal al momento de definir, o sino que lo diga Julio Cesar.

El futbol que juegan los alemanes, es el mismo que jugaron los brasileños ayer y lo tiene Colombia hoy. Irrebatible es que,  fuimos sacados a sombrerazos limpios, por un pésimo arbitraje influenciada por la FIFA en el partido contra Brasil, sin desconocer que la tricolor en los primero 45 minutos no jugó bien. 

El grupo de muchachos ingresó al césped, nerviosos, asustados, no era para menos un partido con los pentacampeones, en su casa y con su hincha. Además, el profe Pekerman, quien recibió el reconocimiento y aclamación de 47 millones de colombianos que queremos su continuidad, se equivocó con modificar el equipo. 

El sabe como todos que en el futbol hay un adagio popular que dice que “equipo que gana no se cambia”. Él, inexplicablemente con Brasil sacó a Aguilar y metió a Guarín, sacó a Jackson Martínez que venía de hacer doblete frente a Japón y metió a Ibarbo. Ahí comenzó perdiendo el partido. Un jugador que hace dos goles en un partido mundialista, así sea suplente, en el siguiente partido sale a jugar de inicialista.

Pero no es hora de lamentaciones pero si de verdades. Entre otras, Colombia jugó bonito, gustó, ganó y supero las expectativas mundialistas. Primero, alcanzar la clasificación, no solo se logró sino que pasamos de segundo después de Argentina, hoy candidata al título; segundo, hacíamos votos para pasar a la segunda ronda y llegamos a cuarto de finales, pudimos llegar más lejos de no ser por lo que vio el mundo, menos el árbitro y la FIFA; tenemos el mejor gol del mundial anotado y seguro goleador James Rodríguez, entre otros.
Llegó la hora de la gran final, la misma de México 1986, donde Argentina de la mano de Maradona se alzó con la Copa frente a Alemania 3x2.

¿Emulará “la pulga” lo alcanzado por “pelusa”?,  amanecerá y veremos.

Escribió:

*IGNACIO RAFAEL ESCUDERO FUENTES
Exfutbolista de la selección juvenil de futbol de Colombia, Chile 1974.



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jueves, 10 de julio de 2014

El que habita al abrigo del Altísimo



San Agustín: "Dios nos ama a cada uno de nosotros como si solo existiera uno de nosotros."  

¿Existe Dios? 

Por:  Alejandro Rutto Martínez


La pregunta es anacrónica, pasada de moda, innecesaria, inútil, molesta, polémica. En fin, seguir haciéndola en estos tiempos es una pérdida de tiempo para quienes creen y no creen en la existencia del Ser Supremo. Es anacrónica porque ya se hizo en otras épocas y su análisis no corresponde a nuestros tiempos. 


Es innecesaria porque no logrará convencer a quienes se encuentran en las posiciones extremas de hombres de fe o de incrédulos declarados. Es polémica porque polariza las posiciones de quienes aún se involucran en discusiones sobre acerca de la actuación de un poder sobrenatural y todopoderoso que rija los destinos del universo. 


Pero hay algo más: preguntarse acerca de la existencia de Dios es una posición altiva y extremadamente orgullosa, porque ¿Quiénes somos para certificar o negar la existencia del Ser Supremo? ¿Quién tiene credencial de notario del cosmos para atreverse a dar fe sobre un poder mayor que todos los poderes conocidos o imaginados por los humanos? 


Dígase lo que se diga, respóndase lo que se responda, el número de creyentes va en aumento. Los templos están recibiendo con las puertas abiertas a quienes se habían ausentado influidos por la pandemia de incredulidad y escepticismo de los años anteriores. Por fortuna hay un mensaje renovado y mensajeros estudiosos. La idea de Dios ronda de nuevo en los hogares y el respeto al Creador se hace sentir en la escuela, la empresa y los corazones.

Dios nunca se había ido pero se encontraba ausente en las vidas de quienes prefirieron otras opciones de desarrollo espiritual. Pero hoy el creyente no tiene vergüenza para declararse hijo de Dios, creyente dedicado o seguidor de Jesucristo. 

Dios estuvo siempre con nosotros pero algunos se resistieron a verlo. Sin embargo, hoy, cuando decidieron quitarse el velo de sus ojos, lo han encontrado de nuevo en donde estuvo siempre, en su trono de amor y gloria, pero también en la vida de cada unote sus hijos. 


Dios es bueno y nos concede la gracia de su misericordia todos los días de nuestra vida. El gesto generoso, significativo e indescriptiblemente bondadoso de dar la vida de su hijo a favor de nosotros, nos hace pensar en un Dios bueno, dispuesto a hacer todo en nuestro favor. Es realmente maravilloso saber que contamos con semejante respaldo cada vez que uno de nuestros pies toma la delantera al otro para que avancemos hacia adelante. 


Cada vez que nuestros pulmones se llenan de oxígeno y podemos experimentar la sensación agradable de la vida renovada; cada vez que nuestros ojos miran hacia el horizonte lejano y se encuentran con la línea divisoria entre el azul del cielo y el borde de la tierra o del mar; cada vez que nuestros oídos atentos son acariciados por la risa tierna e inocente de un niño; cada instante en que pensamos sentimos y actuamos...podemos conocer la cercanía del Creador. 


Dios es amor y eternidad. Es inmensidad y misericordia. Dios es tan poderoso que no puede ser encarcelado tras los barrotes endebles de la religión. Dios está aquí, entre nosotros. En donde siempre estuvo y en donde permanecerá por los siglos de los siglos.

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miércoles, 9 de julio de 2014

¿Qué es una ciudad?

Por: Alejandro Rutto Martínez
William Cowper: “Dios hizo el campo, y el hombre la ciudad”
Una ciudad no es un territorio forrado de cemento, atravesado por carros y carreras y sepultado por el humo espeso de sus chimeneas y el ruido ensordecedor de las bocinas de los autos. Tampoco es un campo abierto en el que los unos y los otros corren de prisa de un lugar a otro como si no tuvieran un destino fijo o como si huyeran despavoridos de sus miedos y temores.
Una ciudad es mucho más que la prisa de quienes corren; más pero mucho más que las estructuras de concreto, hierro y asfalto de las urbes desordenadas en que han crecido tantas generaciones de hombres y mujeres cuya vida transcurrió entre la ansiedad del tiempo y la reducción de los espacios.
La ciudad es mucho más que un sitio, un lugar, un lote, un terreno y un espacio. La ciudad es la gente que ríe y llora al ritmo de los sucesos impuestos por su tiempo y su estilo de vida; es el encuentro de la sonrisa inocente de los niños con el susurro del viento en la copa de los árboles cuya sombra se proyecta generosa sobre la acera en donde los amigos comparten su conversación o en el parque en que los enamorados, tomados suavemente de la mano, caminan en la misma dirección y planean un futuro lleno de amor y comprensión. Es el punto del tiempo y del espacio en donde coinciden las almas de las personas, sus deseos de construir un mundo nuevo y mejor y su necesidad de vivir junto con otros seres humanos al lado de los cuales debe sufrir y gozar, realizarse como ser humano y construir su cotidianidad como persona racional, emotiva e inteligente.
La ciudad es el lugar en que nuestros ojos se abren para recibir cada mañana la luz del nuevo día y en donde absorbemos el aire que llena de vida nuestros cuerpos y nos dispone para afrontar la lucha de cada día con fuerzas renovadas obtenidas en los pliegues de la memoria o en un rincón del porvenir hasta donde se han proyectado nuestros sueños.
La ciudad es el lugar en donde nacimos por voluntad de Dios o en donde afrontamos las jornadas intensas del diario vivir por voluntad propia o por fuerza de las circunstancias. Ciertamente no somos solo del sitio en que nacimos sino del escenario en que proyectamos y cumplimos la tarea de vivir y de compartir. En cierto sentido nuestra ciudad es aquella en que, en un momento determinado se posan la planta de nuestros pies y se fija nuestra mirada. Es el espacio geográfico en que palpita el corazón y circula la sangre en su permanente ciclo vital.
La ciudad es un andén transitado por gentes de aquí y de allá; una calle por donde circulan los caminantes impulsados por su compromiso con el ahora; una avenida atravesada por puentes de cordialidad; un conjunto de barrios en que las costumbres nacen, se modifican y vuelven a aparecer en un proceso perenne construcción y realizaciones.
Una ciudad, en otras palabras, tiene vida. Vida propia. Para ella misma y para transmitirla a quienes nos cobijamos en su sombra protectora
Alejandro Rutto Martínez es un prestigioso periodista y académico colombiano cuyos artículos se publican en páginas de internet, periódicos y revistas de varios países del mundo. Recientemente fue galardonado con el premio de periodismo de EL CERREJ�N  en la modaidad de internet. Frecuentemente es invitado a seminarios y conferencias en diversas ciudades. Póngase en contacto con él a través del correo alejandrorutto@gmail.com y visite su páginahttp://www.maicaoaldia.blogspot.com/ .
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miércoles, 2 de julio de 2014

Amylkar Acosta Medina, el orador de la palabra fácil y el verbo encendido

Por: Alejandro Rutto Martínez

Amylkar Acosta Medina se preparó desde un principio para triunfar en la vida.  Desde los tiempos de su infancia en Monguí tuvo un tórrido romance con  el mundo del conocimiento a través del modo en que se educaban los niños de los pueblos colombianos: la enseñanza aprendida de la voz sabia de los mayores y las clases recibidas por los profesores de la escuela. Sin embargo Amylkar tuvo una fuente adicional a la que acudió en búsqueda de los saberes: las páginas de los libros de ciencia y de literatura que devoraba como el náufrago devora la comida cuando recién es rescatado de las aguas turbulentas del mar.

Así fue creciendo y aprendiendo. Y conquistando logros, como el de ser un aventajado líder estudiantil de izquierda en la Universidad de Antioquia en donde fue conocido como un titán de los auditorios. Si a los paisas de la época les hubieran dicho que debían comprar un boleto para presenciar las disertaciones y discursos de Amylkar en los distintos escenarios del campus universitario, con gusto lo habrían hecho.  Y no se les hubiera hecho caro el precio con el fin de  disfrutar del emocionante espectáculo de ver en acción en vivo y en directo a un gladiador  de la palabra  y a un Cicerón de los nuevos tiempos.

Pero los asistentes salían de las reuniones no solo emocionados sino convencidos. Tan convencidos que decidieron postularlo para el concejo de Medellín a nombre del Movimiento Obrero Independiente Moir. Y de la postulación pasaron a los hechos de manera que el muchacho de La Guajira se convirtió en concejal de la segunda ciudad más importante el país para el período 1.974-1976.   Los paisas, quienes tienen fama de ser regionalistas, no tuvieron reparos en darle una curul al jovencito de verbo encendido que ofrecía y representaba un nuevo modelo de liderazgo.
Pero las experiencias en Medellín serían apenas la pérdida de la virginidad política, como él mismo afirma. Luego vendría una dilatada y brillante carrera en la empresa privada,  la dirección de Colgas, el viceministerio de Minas y Energía y dos elecciones al senado de la república, máximo foro de la democracia en el que fue ungido como presidente gracias al voto de sus colegas de todo el país.

Poco a poco Amylkar comenzó a convertirse en algo más que un funcionario y en mucho más que un político: sus coterráneos empezamos a sentirnos orgullosos de decir, cédula en mano, que habíamos nacido en el mismo departamento que él. Sus antiguos estudiantes de la  Universidad de La Guajira exhibíamos en nuestro currículo el hecho de haber pasado por sus clases y en los tertuliaderos era común hablar del libro más reciente que hubiera publicado.

Una vez cumplida su labor en el congreso de la república Amylkar pudo haberse tomado unos años sabáticos, pero esa idea no pasó por su mente: fue entonces cuando comenzó una febril producción académica en la que eran frecuentes sus escritos, nuevos libros y columnas altamente especializadas en el tema económico. Además fue de los primeros en advertir de las angustias que varios sectores del país vivirían por cuenta del TLC con los Estados Unidos. Tales advertencias fueron consignadas en un libro rigurosamente serio titulado El TLC en Blanco y Negro, cuya presentación tuve el honor de hacer en una hermosa y concurrida velada en Anas Maí, a orillas del Mar Caribe.  Si le hubieran hecho caso a mi profesor de economía el agro colombiano y sectores manufactureros se hubieran ahorrado buena parte de las dificultades por las que hoy atraviesan. 

La tarea de escribir es sorprendente en Amylkar: no terminamos de leer una, cuando nuestro correo electrónico nos avisa que ha llegado otra y otra más. ¿A qué horas escribe este hombre que siempre está en algún auditorio hablando de economía o montado en un avión rumbo a alguna ciudad en donde hablará de producción petrolera, sistema de distribución de regalías o, simplemente de la suerte de su querido partido liberal?

A propósito de sus dotes de orador, puedo dar fe de que el hijo del señor Evaristo es quien mejor habla en mi departamento. Sus   deliciosas conferencias de una, dos y tres horas de duración las  asistentes disfrutamos  con verdadera fruición, sobre todo cuando no usa el moderno proyector de diapositivas y en lugar de ello acude a la información ilimitada que reposa en los amplios  laberintos  de su prodigiosa memoria,  aderezada con ejemplos costumbristas y palabras que parecen ser tomadas de alguna de las columnas de su hermano Luis Eduardo Acosta o prestada de la sabiduría secular de los viejos de los pueblos de La Guajira.

Algunos amigos suyos, obtuvimos el grado de “amylkarólogos” y nos especializamos en pronosticar cuál sería el tema del nuevo libro o el próximo cargo que ocuparía: dábamos por hecho que algún día iba a ser ministro de minas,  candidato a la vice presidencia o, si La Guajira estaba de buenas, gobernador de su departamento.

Así estábamos  los guajiros disfrutando de los éxitos académicos del ilustre conciudadano cuando pasó lo que sabíamos que tarde o temprano iba a  pasar: el ministerio que tanto lo había perseguido, el que tantos coqueteos le había hecho, por fin le hizo una buena emboscada y se lo llevó a ocupar  la que es, probablemente, la silla más importante del consejo de ministros.   

Desde el día en que fue nombrado por el presidente Juan Manuel Santos le mandó a la sociedad el mensaje de que pondría orden en la casa y ayudaría al país a valorar al máximo los valiosos recursos con que había sido premiado por la naturaleza.

En el segundo tiempo del mandato de Juan Manuel Santos estamos a la espera de que Amylkar Acosta sea ratificado como ministro,  algo que seguramente va a ocurrir en los próximos días porque asumimos que el Presidente está interesado en darle continuidad a su ministro estrella en un gobierno que tiene un alto compromiso con los destinos de la nación. 


No sabemos en qué esté pensando el primer mandatario, pero independiente de lo que decida los guajiros nos sentiremos profundamente orgullosos de mostrar nuestra cédula y decir que somos paisanos de uno de los más ilustres de nuestros coterráneos. 
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lunes, 30 de junio de 2014

Liderazgo efectivo basado en el mejor manual


Por: Alejandro Rutto Martínez

Primera Epístola de Pedro 2:9: "Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable"

La Biblia es una buena guía para nuestras vidas y la perfecta forma de comunicación con Dios y con su infinita sabiduría. Pero también es un buen tratado de Gobierno, como lo narran varios de sus más impresionantes pasajes como el milagroso traslado de José a Egipto para salvar a un pueblo extranjero de la hambruna durante el prolongado período de las vacas flacas” o el sabio consejo que Jetro le da a su yerno Moisés para que gobierne a la multitud mediante un eficaz sistema de departamentalización y delegación.

En el Nuevo Testamento, más exactamente en el libro de Lucas (20:25)  Jesús ordena entregar al Gobierno lo que le pertenece: “Pues dad a César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios”, en una enseñanza que nos induce a pagar los tributos y a respetar quien está en el ejercicio de la acción gubernamental.   Sin embargo sus discípulos, en  la época de las duras persecuciones a la iglesia primitiva, establecen el orden de la autoridad de mayor a menor: “… Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres”.  

En otras palabras, es necesario obedecer primero el Gobierno de Dios,  y luego el de los hombres.  No hay opción para quienes somos creyentes: la autoridad superior del Creador prima aún sobre el más perfecto o poderoso sistema inventado por los seres humanos.

Obedecer a Dios, no obstante, no significa desconocer la jurisdicción terrenal de los hombres. El apóstol Pablo, en su tratado obediencia a la jurisdicción de los hombres nos invita a respetar y obedecer a las autoridades: “… porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas.” (Romanos 13:1)
En otras palabras, a la luz de la Biblia, debo someterme a mi Presidente aunque no esté de acuerdo con su forma de gobernar y con el alcalde de mi pueblo aunque no haya votado por él. Y la orden se hace extensiva a otros escenarios, como por ejemplo, el respeto a los sacerdotes y pastores pues cuentan con una investidura que les ha dado el Señor.

El apóstol Pedro en su primera epístola  habla de honrar, amar y temer, todo en un orden muy especial según se puede leer en este versículo que deberíamos leer con más frecuencia y aún aprender de memoria: “Honrad a todos. Amad a los hermanos. Temed a Dios. Honrad al rey”. (1ª. Pedro 2:17)
Si sumamos todo lo anterior llegaremos a la conclusión de que los ciudadanos tenemos el deber de respetar a nuestros líderes y someternos a ellos en obediencia, pero éstos también tienen sagrados deberes respecto a sus seguidores.  Toda persona que se encuentra en posición de eminencia haría bien en cumplir lo ordenado en el libro de proverbios:
  1. Abrir la boca por el mudo
  2. juzgar con justicia
  3. Defender la causa del pobre y del menesteroso
En otras palabras, si somos líderes no podemos ser indiferentes con lo que le pasa a nuestro prójimo y debemos hablar por ellos, representarlos, defenderlos y defender sus causas.  Lo anterior no ha sido tomado de un discurso populista sino, repito del libro de proverbios, en el cual usted también podrá enriquecerse con esta sabia enseñanza: “ Abre tu boca por el mudo, en el juicio de todos los desvalidos.  Abre tu boca, juzga con justicia, Y defiende la causa del pobre y del menesteroso.” (Proverbios 31: 8-9)

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